Este espacio de opinión ha sido creado para compartir propuestas en busca de una Argentina mejor.

martes, 1 de junio de 2010

MOTIVOS PARA TENER ESPERANZA

A veces, para poder trasmitir una idea profunda, es necesario hacer hincapié en el contenido de las palabras y sus matices.
El diccionario nos dice que la esperanza es el “estado del ánimo, en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos” mientras que el optimismo es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto mas favorable”.

A pesar de un cierto parecido existe una gran diferencia entre ambos conceptos. Mientras la esperanza es un estado de ánimo que puede estar provocado por hechos concretos, el optimismo es una predisposición, es decir, un fenómeno subjetivo, una posición que hace ver las cosas en forma sesgada.

Por otro lado, en la esperanza, el saber que lo deseable es posible nos compromete de alguna manera a dar los pasos necesarios para alcanzarlo, nos estimula a ser actor. En cambio el optimista al ver las cosas en su aspecto más favorable solo tiene que esperar, como un espectador, que lo favorable ocurra.

En consecuencia, hablamos de la esperanza porque existen datos de la realidad que permiten sostener un estado de ánimo proactivo, a pesar de que el camino por delante sea largo y plagado de obstáculos y dependiendo el éxito de lo que estemos dispuestos a hacer.

Aunque la lista podría ser más extensa, parecerían ser suficientes los siguientes datos positivos:

1.- El Campo es un factor poderoso de progreso. Esto va a ser mayor cuando se le quite el pie de encima. Durante muchas décadas ha sido esquilmado como consecuencia de la falsa y absurda confrontación con la industria promovida desde el populismo. Hoy esta falacia ha sido desenmascarada.

2.- Los segundos niveles de los partidos de todo el arco político de la oposición están trabajando juntos y en excelentes relaciones desde hace tiempo, por primera vez en muchos años. Es allí donde hay diálogos y consensos.

3.- La gente está cambiando porque el modelo populista y “progre” se ha agotado. Está cansada de la inflación, de la inseguridad, de la falta de trabajo (por insuficiencia de inversión), del incremento de la pobreza cuando los países que nos rodean la han disminuido sustancialmente, de la corrupción y de la mentira. Ya está harta, no se la puede engañar ni se auto engaña tan fácilmente.

4.- El campo se ha unido en forma firme y permanente a través de la “mesa de enlace” luego de un siglo de desencuentros. Ha decidido tener participación activa en la política con ideas productivas dentro de los principios constitucionales, relegando diferencias ideológicas a la periferia de su accionar.

5.- Hace ya 80 años que la Argentina sufre la plataforma populista. Es el límite de lo que habitualmente las sociedades soportan de un tipo de gobierno. Es lo que duraron aproximadamente por un lado el comunismo en la URSS y, por el otro, el proyecto liberal que con sus virtudes y defectos llevó a la Argentina al primer mundo.

6.- Hace 27 años la gente se adhirió definitivamente a la democracia. Ahora se dio cuenta que también es necesario la república. Pronto también se va a dar cuenta que son necesarias políticas eficaces para crecer y desarrollarse abandonando viejos criterios fracasados, mantenidos hasta hoy por un falso progresismo.

7.- El peronismo, otrora bastión inexpugnable del populismo, se ha resquebrajado profundamente. Algunos sectores del mismo ya están adhiriendo a los principios republicanos lo que implica abjurar del “movimiento” (del que ya casi no se habla). Sólo el kischnerismo se mantiene irreductible, pero no por sentimientos ni menos por principios, sino por la “caja” o por una cegadora ideología.

8.- Ya no estamos esperando un salvador. Seguramente en el futuro analizaremos y aprobaremos o rechazaremos a los candidatos que se propongan. Ahora sabemos que no todos son iguales y que nunca lo fueron. También sabemos que nos hemos equivocado mucho. Esto es un gran avance.

9.- Cada época tiene sus ideas fuerza, hoy calladamente las viejas están siendo cambiadas por los principios republicanos y por la necesidad de eliminar la corrupción estructural, entre otras.

10.- En los últimos tiempos la Corte Suprema derogó por inconstitucional un artículo clave de la aparentemente intocable Ley de Asociaciones Profesionales, quitándole el monopolio a la CGT. Esto, aunque insuficiente, parece ser el comienzo de la demolición de un poder espurio y distorsivo.

11.- El populismo necesita el control de las noticias y orientar la opinión pública en paralelo a la falta de transparencia de los actos del gobierno, para que los negociados y las mentiras sean duraderos. Hoy las noticias y las opiniones corren rápidamente por una gran diversidad de canales en forma irrefrenable gracias a la tecnología y a un mundo globalizado. Nuestro populismo está decrépito, está perdiendo su ”habitat”.

12.- Tenemos un pasado conflictivo pero glorioso, una geografía generosa y una población, alguna vez definida como crisol de razas, que desea la paz y el progreso como todos los pueblos del mundo. Nosotros, en las primeras décadas del siglo pasado, hemos formado parte del primer mundo y los pueblos tienen memoria de elefante, podemos volver a serlo. Muchos, aún desconectados entre si, ya lo sienten como un compromiso con la Argentina y con nuestros nietos.

13.- Por primera vez en nuestra historia carecemos de conflictos serios con nuestros vecinos. Por el contrario, todos nos hemos damos cuenta de que el progreso del vecino nos ayuda. La vuelta a la normalidad de la Argentina sería apoyada y festejada internacionalmente.

14.- Poseemos recursos hídricos abundantes cuando en el mundo son escasos. Lo mismo ocurre con las diferentes fuentes de energía no explotadas racionalmente pero que pueden generar un salto cualitativo y cuantitativo si se sale del voluntarismo irracional y se entra en una etapa de previsibilidad política y de modernidad económica.

15.- Todos los días nos encontramos con que acontecimientos trascendentes, positivos o negativos, ocurren sin ser previstos. Tenemos que aceptar humildemente que tenemos una visión restringida del futuro, que no hay nada definitivo, por lo que nadie puede decir seriamente que la Argentina carece de futuro aunque hoy esté decadente. Por ejemplo, es inexplicable que pocos días antes de la caída del muro de Berlín ningún analista hubiera previsto esa circunstancia, podría decirse lo mismo de la última crisis financiera internacional de la que todavía no hemos salido.

La conclusión es que el futuro siempre ofrece, sorpresivamente, alternativas y suele premiar a quien las busca y trabaja para aprovecharlas cuando se presenten. Por eso la esperanza no es negociable, no se puede renunciar a ella sin renunciar también, en cierta medida, a la vida misma.

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